Nunca pensé que este viaje me llevara a descubrir un pueblo hermoso por sus paisajes naturales pero, nadie llegaría a imaginar que en ese lugar tan bello y acogedor, uno tuviera que soportar el intenso frío que podría decirse que es similar al Polo Norte.
Chungui, ubicada en la provincia de La Mar, departamento de Ayacucho, no cuenta con servicios de telecomunicaciones como teléfono, televisión e Internet y lo peor es que en las noches no hay luz, por ello, los pobladores utilizan sus linternas para no perderse en la oscuridad., tampoco hay policías, solo existen los ronderos quienes se encargan de velar por la seguridad de los pobladores ayacuchanos y hacer cumplir la justicia.
Hace dos años fui a Ayacucho con mi familia para conocer el lugar y a mis familiares de parte paterna, porque mi abuelo Justiniano siempre me decía que allá tengo bastantes familiares que se apellidan Lizana.
Sin embargo, él quería que mis padres, mi hermana y yo conociéramos Chungui porque en ese lugar él nació y pasó toda su infancia hasta que vino a Lima, a los doce años para estudiar la secundaria en el colegio nacional Nuestra Señora de Guadalupe.
Así que, mis padres decidieron realizar este viaje para que mi hermana y yo conociéramos nuestros orígenes paternos y conocer la realidad del Perú Profundo.
EL DÍA DE LA PARTIDA
Llegó el día, recuerdo que fue un jueves a las siete de la noche cuando mi familia y yo salimos de nuestro hogar para tomar el taxi que nos llevaría a la agencia con destino a la ciudad de Huamanga, capital de Ayacucho.
Tuvimos que esperar dos horas para abordar el bus, a las ocho y media de la noche. La encargada de los pasajes nos llamó para entregarnos los boletos y así abordamos el vehículo.
El viaje fue tranquilo pero al día siguiente, cuando estuve a punto de llegar al lugar, sentí unos mareos y esto no me permitía respirar.
EN HUAMANGA
En la agencia, conocí a mi tía Estefanía quien amablemente nos ofreció su casa para hospedarnos y de paso fue como nuestra guía para el recorrido de la ciudad de Ayacucho y averiguar dónde vivían mis familiares.
De Ayacucho, puedo recordar los pueblos de Huamanga, Vilcashuamán, Quinua, y entre los planes estaba visitar el distrito de Ocros, lugar de nacimiento de mi abuelita Delia.Sin embargo, cuando fui a visitar a una tía uno de sus sobrinos contó que justo al día siguiente él iba a viajar a Chungui a visitar a su esposa.
Entonces mi papá se animó porque mi abuelo, siempre le hablaba de Chungui, así que, después de la visita nosotros nos dirigimos a la agencia a comprar los pasajes y mi tía nos recomendó que lleváramos chompas y frazadas para el viaje porque hacía bastante frío allá.
Nosotros no le creímos porque si en Lima soportábamos el invierno, no habría problema en aguantar el clima de Chungui.
RUMBO A CHUNGUI
El viaje duró ocho horas, el recorrido fue placentero y subiendo por las alturas de los cerros que parecían interminables. El desayuno lo tomé en el distrito de San Miguel donde, para mi sorpresa, servían bastante comida y ella se acompañaba con leche ¿ raro no? pero cierto.
Luego de una hora y media de viaje, llegué a Chungui, ubicado en el departamento de Ayacucho, al extremo sur de la provincia de La Mar.
Esta zonas es conocida como " La Oreja de Perro" y donde hubo decenas de muertos por la violencia terrorista.
INTENSO FRIO
Cuando bajé del carro, no encontré a nadie y percibí que estaba desolado como sí no hubiera ningún alma aparte del intenso frío que azotaba al pueblo.
Entonces, mis padres, mi hermana y yo decidimos recorrer el lugar, primero subimos la montaña ya que íbamos a visitar a una tía y desde ese momento empecé a sentir la helada, ese frío que era insoportable tanto para mí y mi familia que nos abrigamos con frazadas, casacas y chompas pero aún así, no nos sentíamos abrigados del todo.
Lo único que me aliviaba la helada era cuando caminaba por largas horas, lo bueno es que llegué a la cabaña de una tía, ella se mostró atenta y gentil, nos ofreció un plato de carne frita a la leña y eso para mí fue una delicia, nunca en mi vida había probado ese delicioso platillo.
Mi familia y yo pasabamos la tarde conociendo el pueblo hasta que anocheció y no teníamos un lugar para dormir, entonces, un señor del lugar nos ofreció hospedaje y nosotros aceptamos.
El lugar era limpio, cómodo y no mostraba peligro, mi madre y yo decidimos quedarnos a descansar mientras que mi padre y mi hermana salieron para comer algo y comprar algunas cosas para el viaje de regreso a Huamanga que estaba programado para las cuatro de la madrugada.
EL TERROR DE MI HERMANA
De pronto, mi hermana menor Mónica (de 15 años) regresó llorando y asustada, nos comentó que un señor le pregunto a pápa de dónde era, a qué se dedicaba y a qué hora partían.
Ella se asusto, pensó que el señor era un espía y después de la conversación iba a ir al hospedaje para robar nuestras pertenencias y hacernos daño.
Nosotros tratamos de calmarla, le dijimos que su pánico era producto de tanta televisión que veía y no le iba a pasar nada, pero, mi hermana no podía calmar sus nervios.
Entonces, mis padres decidieron dejar el lugar y buscar otro para pasar la noche, pero nos dimos con la sorpresa que no había luz, todo estaba oscuro y no sabíamos que hacer hasta que encontramos a una señora que caminaba alumbrándose con una linterna, ella nos guió justo a la agencia donde compramos los pasajes de regreso a Huamanga.
El dueño nos recibió e incluso invitó a tomar un mate de coca para aliviar la heladera y también pan con queso.
Luego, nos mostró el cuarto donde había varias camas y todos cansados del trajín del día nos echamos para descansar.
Sin embargo, yo no podía dormir porque no había colchón, tuvimos que descansar sobre una piel de carnero, para mí fue incomodo y le reclamé a mi hermana que si ella no se hubiera asustado todos estaríamos durmiendo cómodamente en el otro hospedaje.
Hasta que llegó la hora de partir, yo dije " al fin, ya no tendré que dormir en esta cama tan incómoda", en media hora subí al carro que me llevaría de regreso a Huamanga.
Puedo decir que esta experiencia fue inolvidable porque nunca estuve en un lugar tan alejado y con tanto frío donde no había policías, teléfonos, ni Internet., y la forma amable de los pobladores de Chungui, quienes saludaban con un buenas tardes sin siquiera conocerte.
Después me enteré que Ivan Thays publicó un libro sobre Chungui que describe el lugar, incluso inventa una historia con personajes ficticios y en una entrevista, confesó que nunca había visitado el lugar.
Pero, relatar una historia y vivir una experiencia es diferente.Ivan Thays nunca sabrá lo que es vivir en un pueblo que está tan alejado de la ciudad de Huamanga y cómo sus pobladores tienen que luchar día a día para sobrevivir y salir adelante en su vida diaria.




felicitaciones por la crónica, Claudia en camino de convertirse en una buena periodista.
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