A finales de junio del año 2008, seguía en la espera de que me compraran mi celular con cámara, video y radio porque mis padres me prometieron comprármelo si es que ingresaba a la universidad.
Hasta que un domingo 29 de junio, mi madre me invitó para salir a pasear por la Plaza San Miguel. Yo acepté. Al llegar al paradero, ella tomó un taxi y le dijo al conductor que nos llevara a Metro de la avenida La Marina.
Durante el trayecto, le pregunté porqué íbamos a Metro y ella me contestó para ver si había alguna oferta interesante de ropa. Llegamos y comentó que planeaba cambiar su celular, luego le aconsejé que conservara su teléfono móvil.
Entonces, me dijo que el celular iba a ser mi regalo de cumpleaños. Yo me quedé asombrada porque pensé que mis papas nunca iban a cumplir su promesa, pero a las finales, lo hicieron. Despúes, ambas nos dirigimos al stand de los teléfonos y unas jóvenes vendedoras, entre 21 a 23 años nos atendieron amablemente, pero lamentablemente las ignoré porque estaba más concentrada en escoger el celular.
Seguí mirando los modelos y ninguno me convencía hasta que ví uno de color naranja, modelo sencillo que cumplía con las funciones que yo exigía ( cámara, video), la marca era Nokia.
La verdad es que me enamoré de ese aparato, me gustó el color y el diseño., sin embargo, tenía poca memoria y no incluía el reproductor de música, el audífono era de un solo auricular, pero me decidí por este celular, qué importaba si carecía de espacio de almacenamiento de datos la cosa es que tenía cámara y video. Para mí, eso es suficiente.
Mi madre aceptó y lo compró. Yo estaba feliz con mi nuevo celular.
Ya nunca más tendría que usar el anterior celular que daba pena porque era un modelo antiguo y la mayoría de los jovenes tenían su celular con cámara, video, mp3 y radio. Al fin pude tenerlo!!!!
Con este celular tuve experiencias graciosas: Primero, cuando estaba en el tercer ciclo, en mi clase de semiótica, mi profesor estaba explicando la clase de los símbolos y en eso, sonó una canción infantil llamada: " Lo que soy", cantada por Demi Lovato. La letra decía: " Lo que soy, es real, soy exactamente la que debo ser hoy, deja que la luz, brille en mí. Ahora sí, sé quien soy, no hay manera de ocultar, lo que he querido ser, lo que soy".
Todos se rieron y me avergoncé porque cómo una chica universitaria escucha esas canciones que son para pre adolescentes.
Desde ese momento, juré cambiar mi tono de timbre, pero, me olvidé y otr vez sucedió lo mismo cuando estaba dando el examen parcial del taller de Ortografía.
Por desgracia, sonó la misma canción. Nadie lo escuchó y aliviada, seguí con la prueba.
Despúes me arrepentí de tener ese celular, no lo quería. Siempre analizaba cómo era posible que lo haya escogido si sus funciones no eran interesantes.
Me daba colera que mis compañeros tuviesen mejores celulares porque esos tienen mejor capacidad de memoria. Se puede intercambiar información ( tonos de timbre, canciones, fotos, videos) y aquello, no lo podía hacer porque el mío no tenía bluetooh, solo infrarojo. Esa función lo tienen pocos celulares. Mi plan fue que cada mes que recibiera propina, ahorraría para comprarme uno más moderno e interesante porque el que tenía estaba pasado de moda.
Algunas veces me arrepentía de querer cambiar el celular. Siempre lo miraba y trataba de sacar lo positivo de eso. Sabía que el móvil no era la gran cosa, al menos tomaba fotos y grababa algunos videos con eso basta pero, otras veces cambiaba de opinión y me reclamaba a mí misma de que no supe elegir bien y es cierto que el celular es bonito aunque, carecía de novedosas funciones. Solo lo elegí porque era económico incluso, mi mamá me dijo si en verdad lo quería y yo, encantada con el celular, le contesté que sí, pero luego me arrepentí por no elegir bien. Mis padres pudieron haberme comprado el celular que deseara, además, el otro modelo del teléfono celular que quería no costaba más de 600 soles.
Daba verguenza mostrarlo, ese modelo ya estaba pasado de moda. Todos se burlarían y dirían porqué lo elegiste, hay mejores celulares que éste, pero cuando estaba a solas con el, cada vez que lo miraba y contemplaba su hermosa carcaza naranja. Llegué a la conclusión de que no me importaba lo que digan los demás, éste es mi celular, mío y solo mío. El me acompañará en las buenas y en las malas. Será testigo de mis alegrías, tristezas, triunfos y derrotas.
La última vez que lo tuve fue el viernes 24 de julio que fue el peor día de mi vida porque había acordado con una amiga para encontrarnos a las 11 de la mañana en la universidad para recoger la constancia de matrícula.
Demoré en cambiarme, tomé el carro a eso del mediodía pensando que llegaría en 40 minutos, ella podría esperarme una hora más. Sin embargo, cúando llegué a la avenida Alfonso Ugarte, el bus no podía avanzar. Me quedé como media hora, esperando a que avanzará.
Transcurrida la media hora, el vehículo siguió su ruta y llegué a la universidad una hora después de la hora acordada. Cuando bajé, no encontré a mi amiga.
Sola, entré al salón a recoger mi horario. Salí y tome el bus de regreso a mi casa.
A las seis y media de la tarde, fui al paradero de la curva de Mirones a tomar el carro que me llevaría al Británico de San Miguel para recoger mi nota del curso de ingles.
La Custer estaba repleta, pero subí porque estaba apurada y sobre la hora.
Durante el trayecto, un señor hizo unos ruidos medios extraños, nadie le prestó atención. Noté que el cierre de mi cartera estaba medio abierto, pero seguí ignorando hasta que un pasajero dijo que me robaron. Le contesté que eso no podía ser hasta que revisé mi cartera y el celular no estaba. Me habían robado!!!!!!
Quería llorar de rabia, cómo es posible que ese sujeto se haya hecho el enfermo y robara de esa manera no es justo!!!!.
Llegué al Britanico y me dirigí al salón para recoger mi nota. Esperaba tener buenas noticias, mi día era pésimo. Aprobé el curso y pasé a avanzado tres.
Salí a la avenida La Marina a tomar el carro para irme a casa. Mi madre vió y preguntó como me fue. Le dije que había aprobado y que me robaron el celular.
Ella lamentó el robo y prometió comprarme otro celular, pero sin cámara.
Acepté su propuesta, fuimos a Edelnor a ver celulares. Ninguno me convencía hasta que ví uno de color negro. Me encantó y por suerte era Nokia. Al toque, le dije que lo comprara.
Al final, lo compró y desde ese día, lo llevó en el bolsillo y ya no en la cartera. Es bonito, moderno y práctico. Nunca olvidaré el celular naranja que estuvo conmigo por un año. La marca también era Nokia, el modelo 6,070, mediano, grueso, con funciones de cámara, video, radio, grabador de voz y traductor.
Es una pena que ya no esté conmigo. Todavía, lo sigo extrañando y a pesar de tener otro celular, el anterior tuvo un significado especial para mí en los dos primeros ciclos de mi etapa universitaria.






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